La lucha por una prosperidad compartida guiará el Acto Nacional de Santander

La campaña por una prosperidad compartida que se fijó la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras (RACEF) como reto del actual curso académico marcará el Acto Nacional de Santander que celebrará de forma telemática junto a la Universidad de Cantabria los próximos 7 y 8 de mayo. Así lo adelanta el presidente de la RACEF, Jaime Gil Aluja, en su discurso inaugural del encuentro, que ofrecemos.

La cita lleva por título, de hecho, "Los confines de la equidad y desigualdad en la prosperidad compartida". En las sesiones participará una nutrida delegación de la RACEF. La conferencia inaugural correrá a cargo del Director General de la Fundación Universidad de Catabria para el Estudio y la Investigación del Sector Financiero y del Santander Financial Institute, Francisco Javier Martínez. A ellos se sumarán los Académicos de Número de la RACEF Dídac Ramírez, Arturo Rodríguez, Carles Gasòliba, Fernando Casado y Ana María Gil. Por parte de la Universidad de Cantabria intervendrán diferentes investigadores y el Académico Correspondiente de la RACEF José María Sarabia.

 

UNA NUEVA MANERA DE MIRAR NUESTRO FUTURO

La Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras del Instituto de España elige cada año un tema general para que los académicos y miembros de la Barcelona Economics Network, individual o fruto de un intercambio de opiniones, aporten sus conocimientos, reflexiones, dudas y eventuales soluciones.

Somos conscientes que resulta difícil, cuando no imposible, ofrecer soluciones concretas a planteamientos generales. Pero, en cambio, sí creemos factible señalar caminos o puntos de referencia para transitar hacia resultados, elaborando modelos, técnicas y algoritmos con los que, quizás, otros podrán avanzar en sus investigaciones.

Para este año 2020, el tema propuesto ha sido: “Límites a la prosperidad compartida”. Pensamos, en los momentos de elaboración de los programas, que podían ser muchos los aspectos susceptibles de condicionar el avance de la prosperidad, también varios aquellos que, limitando este avance, dificultan, aún más, compartirlo con otros grupos humanos o sociales.

En una primera instancia, se puede aceptar que ese planteamiento se refiere al conocido enfrentamiento entre solidaridad y egoísmo. Por lo menos es lo que dirían los devotos de la lógica booleana. Pero, nosotros, poco amantes de las posiciones extremas, preferimos, en estos primeros momentos, estimar que los grupos humanos, conjuntos de países e incluso las grandes uniones de estados, adoptan sus decisiones de tal manera que en ellas existe un grado o nivel de solidaridad y otro grado o nivel de egoísmo. Distinto según el problema que se trata y el momento en que éste se plantea.

Y, algo parecido a lo que estamos comentando, está sucediendo ahora. En el periodo de tiempo transcurrido desde la publicación del programa general de actividades de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras para 2020 y el llamamiento para la presentación de los trabajos para el “Encuentro de Santander” con la Universidad de Cantabria, ha irrumpido en la República China y se ha extendido de manera rápida después a todo el planeta la epidemia, después pandemia, Covid-19.

Ha sido tal el problema humano que la pandemia ha provocado y sus consecuencias económicas y sociales de tal magnitud, que han acaparado la casi total atención de los medios de comunicación.

Parece que ya no existen residuos plásticos en mares y océanos, nadie se acuerda de la polución en las grandes y medianas ciudades, las desigualdades “carecen” de importancia aún cuando continuamos pasando en las noches de invierno delante de humanos que duermen en el frio suelo. De repente, han desaparecido de las noticias la corrupción de gobiernos pasados y presentes. Una palabra, solo una, acapara la atención: coronavirus.

Es un grave, gravísimo problema sanitario, humano, social y, por ende, económico. Parece ser que el colectivo sanitario e investigador de las enfermedades contagiosas, sabe muy poco sobre el Sars-Cov-2. Urge, es urgentísimo, hallar una vacuna específica.

Sin embargo, es necesario situar todo problema, hasta el más grave, como es éste, en su justo contexto. Sobre todo, cuando constituye y es origen de una “crisis económica”.

Es precisamente éste, el tractivo para el colectivo de investigadores de la economía. Nuestro deseo es intentar, desde el mismo momento de partida de la inevitable recesión económica en la que nos encontramos, conocer cual es la naturaleza de la recesión, su posible duración, la intensidad de la inevitable depresión posterior, pero, sobre todo y a partir de estos ingredientes, cuales debe ser las medidas a adoptar y los instrumentos técnico-económicos a utilizar.

Cada uno de quienes hemos colaborado en estos objetivos, nos hubiera gustado realizar este encuentro de una manera presencial, como hemos hecho cada año en los actos nacionales organizados en las distintas Comunidades Autónomas españolas visitadas.

La pandemia no lo ha permitido. Pero el espíritu de servicio académico ha hecho que, aún en las muy difíciles circunstancias en las que estamos inmersos, no ha faltado nuestra humilde colaboración, aún cuando proceda de perspectivas distintas y de diferentes escuelas de investigación científica.

Ante las negras perspectivas de que la dura recesión económica, ya iniciada, tenga una gran intensidad y una larga duración, ha surgido, una vez más, el enfrentamiento sobre las medidas a adoptar para parar y eliminar cuanto antes el retroceso del progreso conseguido en los últimos años, después de la depresión habida por la “crisis de 2008”.

El colectivo de los investigadores ha ido tomando posiciones, en no pocos casos situándose en el pasado, para encontrar aquellas medidas encaminadas a reducir al máximo la intensidad y duración de la recesión ya perceptible y de la posterior depresión.

Unos fijan su atención en un retorno próximo a las enseñanzas de John Maynard Keynes (1883-1946), otros dirigen sus miradas al neoliberalismo de Milton Friedman (1912-2006), olvidando que ni nos hallamos en la “era keynesiana” (1945-1975) ni en la posterior “era friedmiana” (1975-2005). Ni siquiera en el momento de la explosión de la “crisis del 2008”.

Ante tales procederes, nos vemos obligados a reiterar, una vez más, que el tratamiento económico de una recesión no puede ser el mismo, cuando el origen que lo ha provocado es diferente.

El remedio para curar una pulmonía no es el mismo que el necesario para tratar una rotura del fémur. Y en economía las consecuencias surgidas del interior del propio “cuerpo económico” no son iguales que las procedentes de su exterior. Este es el caso de la crisis derivada de la pandemia y de las medidas “a corto plazo” adoptada inicialmente para hacerle frente.

Afortunadamente, tenemos, hoy, elementos técnicos y teóricos capaces de enfrentarse a la complejidad y a la incertidumbre, de los que no se disponía en las eras keynesiana y friedmiana, cuando los principios, teorías, técnicas y operadores, de carácter mecanicista, se utilizaban bajo el manto de la lógica booleana.

En los inicios de los años 50 del pasado siglo, empiezan a llegar a España, a través de profesores de las escuelas politécnicas francesas, los primeros reflejos de una nueva manera de formalizar el tratamiento de problemas específicos de empresas e instituciones. Se inicia, así, una corriente investigadora, alimentada por docentes de la joven Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad Complutense de Madrid, a la que , en 1954,  se añade la entonces recién inaugurada Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Barcelona (U.B.).

Fui testigo presencial de ello como alumno de su primera promoción.

Docentes y discentes fuimos conociendo que en los estudios de microeconomía se iban añadiendo a los programas reglados de la llamada Teoría Económica (T.E.), una nueva metodología que se amparaba bajo la denominación de “Operational Research”, “Recherche Opérationnelle” o “Investigación Operativa” (I. O.).

De manera inmediata se hicieron notar ciertas diferencias entre la formalización de la fenomenología económica a partir de la Teoría Económica (T.E.) y de la Investigación Operativa (I.O.) no solo en cuanto al enfoque de los problemas y a la utilización de operadores matemáticos, sino también al grado de generalización de los planteamientos muy elevado en el caso de la T. E.  y muy particularizada en la I. O.

Muy pronto esta última se fue añadiendo a las asignaturas existentes de la entonces llamada Economía de la Empresa. Lo hizo como técnicas operativas de gestión.

En Teoría Económica los principales operadores para la gestión óptima se centran en la maximización y la minimización de funciones continuas y derivables. Su belleza formal resulta incontrovertible. Su utilización en la realidad se percibía prácticamente nula, para quienes compatibilizábamos el mundo académico con el industrial.

En la I.O. no se observa la unidad instrumental de la T.E. ni siquiera la homogeneidad en los planteamientos formales para dar solución a los problemas que surgen o existen en la gestión de empresas e instituciones. En los intentos de formalizar las realidades se construyen “ad hoc” o se utilizan operadores existentes con independencia de su validez en otros aspectos o momentos de la actividad económico-financiera.

La diferencia en el pensamiento investigador y en la actividad investigadora entre uno y otro camino es profunda.

Ese enfoque particularizado para dar solución a cada problema en concreto ha sido un caldo de cultivo que ha facilitado el resurgimiento de los algoritmos.

Las circunstancias que hoy nos envuelven son propicias a cambios en profundidad para construir un nuevo sistema económico, adaptado a los nuevos tiempos que surgirán de la revolución digital, del “big data” y del transhumanismo. Nos esperan hallazgos extraordinarios capaces de elevar el nivel de bienestar del planeta, de la misma manera que también serán capaces de invadir nuestra intimidad. Es necesario permanecer vigilantes.

La supervivencia de un país libre e independiente depende, en gran medida, de la adaptación a las cambiantes realidades de nuestro entorno. Pero, cada vez más, también en buena medida, de las del mundo entero. Nos queda, en este cometido, un gran esfuerzo ha realizar. ¿Tendremos que hacerlo solos?

La Unión Europea se creó y evolucionó como un espacio de libertad y solidaridad. Pero he aquí que, de repente, irrumpe la pandemia del coronavirus Sars-Cov-2 y lo que parecía ya adquirido empieza a mostrar sus flaquezas en el ámbito interno y parece muy difícil hacerlo extensivo a nivel mundial.

Y, por tanto, parece sencillo: problema mundial, solidaridad mundial. La cooperación internacional, la coordinación de esfuerzos de los países integrantes de la Unión se percibe como indispensable para hoy y para el futuro.

Deseamos pensar que si transitorias son las recesiones y depresiones económicas, también lo serán las actitudes de aislamiento y egoísmo. “La vida es una estrategia de suma nula” No podemos dejar de pensar en Jean Monnet, Konrad Adenauer, Walter Hallstein, Ursula Hirschmann, Robert Schuman, Simone Veil, Helmut Kohl, François Miterrand, Raymond Barre, … y otras grandes figuras de una época que deseamos, esperamos y estamos convencidos volverá a renacer.
Volverá, con mayor fuerza, la confianza de la sociedad en los gobernantes, la investigación científica y técnica dispondrá de los recursos financieros necesarios para desarrollar su actividad creadora, los medios de comunicación serán creíbles por su independencia, las escuelas de enseñanza primaria serán el nido para la formación humanista, los centros sanitarios podrán realizar su labor de acuerdo con el código deontológico y los países serán gobernados por una élite de ciudadanos cuyo objetivo último será la prosperidad compartida.

Así lo creemos, así lo deseamos, así los esperamos.

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