El deportista que abría economías

JAIME GIL ALUJA, PRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS

Juan Antonio Samaranch fue, como Gorbachev o Den Xiao Ping, un gran aperturista de regímenes herméticos en tiempos muy difíciles para la libertad; un visionario en la práctica de la concordia que vivió medio siglo subido en un avión para abrir autarquías al mundo utilizando la llave universal y mágica del deporte olímpico. La historia de la diplomacia explicará cómo Samaranch y otros pioneros de la globalización desafiaron la perversa lógica de los bloques y tendieron puentes de entendimiento deportivo en relaciones de poder donde, hasta su llegada a la presidencia del Comité Olímpico Internacional (COI), sólo contaba la lógica de la disuasión nuclear y la guerra fría.

Además, la investigación económica tiene una deuda pendiente con Juan Antonio Samaranch: hasta su llegada a los mayores lugares de decisión del deporte internacional se daba por sentado que la deportiva era una actividad secundaria y subsidiaria respecto a la Economía. Como mucho, se consideraba el deporte una mera forma de esparcimiento, si se quiere saludable. Se trataba, para los economistas serios, de un mero sector residual donde asignar despreocupadamente parte de las plusvalías que pudieran generarse en el ciclo económico.

Pero la gestión de Samaranch en el COI y desde los Juegos Olímpicosde Moscú hasta la presidencia de la Caixa demostró además que el deporte no era el destinatario de las plusvalías ociosas sino que se trataba en sí mismo de un auténtico y potente generador de riqueza. De ahí que la Real Academia lo acogiese en su seno en 1995 como Académico de Honor y que los economistas del deporte reunidos en el seminario EMOS de Economía Deportiva que celebramos en octubre decidiesen nombrarlo su presidente de honor. Samaranch demostró que la actividad deportiva podía convertirse en un motor de crecimiento económico como lo fue no sólo en Barcelona sino en cada una de las Olimpiadas que organizó como presidente del COI. Y muy especialmente en Moscú y Pekín.

Varias de las ponencias allí recogidas dejaron constancia de ese salto conceptual que ha hecho que el deporte sea considerado hoy una inversión productiva y nos referimos no sólo al puro balance monetario de activos y pasivos en la organización y gestión de cualquier evento deportivo -que también- sino, además, al papel normalizador de convivencias y bálsamo de tensiones sociales y políticas cuyo tempo tan hábilmente supo manejar el presidente Samaranch. Hoy todos convenimos en que el balance de cualquier evento deportivo se mide tanto en medallas como en impacto económico, es decir en millones, a veces billones, de dólares.

La investigación económica ha demostrado fehacientemente cómo las Olimpiadas no sólo de Moscú o Pekín sino también las que se realizaron en países de plena economía de mercado supusieron un impulso económico que trascendía las meras cifras y lograba un impacto positivo que aceleró la apertura diplomática, política y después económica de los países olímpicos. La propia experiencia de Barcelona 92 y la conversión de nuestra gran capital mediterránea y española en una auténtica cosmópolis universal sigue siendo hoy el mejor ejemplo de lo mucho que debe no sólo el deporte español sino la economía y la investigación económica y deportiva a Juan Antonio Samaranch.

Gracias, Juan Antonio

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