Jaime Gil Aluja, Presidente de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras (RACEF), resume la historia de la implementación de la lógica difusa en los estudios económicos en el trabajo "El tratamiento formal de la incertidumbre", que presentó el pasado mes de junio en la Jornada Técnica que la Real Corporación celebró junto a la Academia Rumana y el Banco Nacional de Rumanía en la ciudad rumana de Sinaia.
Para el experto, uno de los principales impulsores de esta línea de investigación desde el siglo pasado, el tratamiento científico de la incertidumbre en que se mueven ciencias sociales como la economía supuso el replanteamiento de su estudio desde las herramientas clásicas, fundamentadas en la lógica binaria. "Desde Adam Smith y la Escuela de Salamanca, la ciencia económica ha ido construyendo principios y modelos para responder a las realidades de cada época. Hoy esas realidades cambian de forma brusca por fuerzas externas que alteran parámetros sensibles y obligan a decidir en un entorno que ya no es binario", asegura.
Gil Aluja resume en su ponencia cómo la diferencia de la lógica difusa con la lógica tradicional es sencilla de enunciar y profunda en sus consecuencias. En la lógica booleana un elemento pertenece o no pertenece a un conjunto. En la lógica multivalente siempre pertenece, pero en un grado que se expresa con un número entre 0 y 1. Ese grado se asigna mediante una escala semántica endecadaria -once valores, de 0 a 1 de décima en décima- que traduce expresiones del lenguaje ordinario a cifras comparables.
De esta manera, se llega a la formalización de la incertidumbre en un procedimiento de cálculo práctico para la gestión cotidiana. El instrumento elegido es el subconjunto borroso, idea que él mismo y el investigador francés Arnold Kaufmann desarrollaron en 1986 en el estudio "Introducción de la teoría de los subconjuntos borrosos a la gestión de las empresas", considerado el primer libro del mundo dedicado exclusivamente a aplicar los subconjuntos borrosos a la empresa.






